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sábado, 17 de enero de 2026

La tristeza de Julia Flyte


La alegría de Charles Ryder al final de Retorno a Brideshead contrasta con la atmósfera de tristeza que envuelve la novela desde las primeras páginas, y con respecto a la cual dicha alegría se parece más al consuelo que a la alegría. Ahora bien, la tristeza que rodea como un aura la historia contada por Charles Ryder no es fundamentalmente añoranza, aunque la narración consista en una evocación por parte de un hombre de mediana edad con lágrimas en los ojos.

La tristeza característica de Retorno a Brideshead no es el resultado de la pérdida de algo que ha quedado atrás, ni de las desgracias que padecen los personajes «a lo largo del fatigoso camino», ni del remordimiento que puedan sentir, sino de la frustración de un anhelo profundo que arde en el interior de sus corazones. Es la desilusión que nace de no haber logrado alcanzar plenamente algo que vislumbraron en algún momento de su vida un paso o dos por delante de ellos.

El anhelo que arde en el interior del corazón humano adopta la forma del amor a otro ser humano (tal y como ocurre en el caso del amor de Charles, primero, por Sebastian, y, después, por Julia), pero no se sacia nunca plenamente en dicho amor a otro ser humano, porque es realmente anhelo de otra cosa, que se trasluce en dicho amor, y de la cual dicho amor es una anticipación.

Charles dice que la tristeza de Julia, «esa tristeza inquietante y mágica que hablaba directamente al corazón y enmudecía», era «una actitud frustrada que parecía decir: “Seguramente he sido hecha para algo más”». Al ver a Julia y a Charles tras su regreso a Brideshead, Cordelia piensa de ellos: «Pasión frustrada». Y, al final, en un momento culminante de la novela, Charles dice: «Quizá todos nuestros amores no sean más que simples ilusiones y símbolos [...]. Quizá tú y yo no seamos más que meros paradigmas, y esta tristeza que a veces nos envuelve nazca de la desilusión de nuestra búsqueda, cada uno a través y más allá del otro».

Pero la tristeza de Julia es también, como dice Charles, «la culminación de su belleza», porque la belleza verdadera es siempre expresión del amor al bien, y, por lo tanto, no llena completamente el corazón por sí misma, sino que le habla misteriosamente de otra cosa que hay más allá de sí misma, de aquello de que el corazón tiene sed. Como el semblante de Beatriz para Dante en la Divina Comedia, y como el amor a otro ser humano, es la huella del amor a un bien trascendente, que se trasluce en dicha belleza, y del cual dicha belleza es una anticipación.

En un pasaje de la Apologia pro Vita Sua, san John Henry Newman dice que «la literatura, filosofía y mitología paganas, debidamente entendidas, no [son] sino una preparación para el Evangelio». Y en los escritos recogidos bajo el título Intuiciones precristianas, Simone Weil coincide con el cardenal Newman, e indaga las verdades cristianas que se hallan prefiguradas en la mitología griega, en las tragedias clásicas o en Platón.

En el capítulo titulado «La operación de la gracia», Simone Weil transcribe un fragmento del coro del Agamenón de Esquilo, donde se lee: «[Zeus] es quien ha situado a los mortales en el camino de la sabiduría. “Al conocimiento por el sufrimiento” / es la soberana ley que él ha dictado. / Se va destilando durante el sueño junto al corazón / la pena que es memoria dolorosa, y, hasta al que no la quiere, le llega la sabiduría. / Esta violencia es una gracia de parte de las divinidades».

A continuación, Simone Weil comenta: «La “pena que es memoria dolorosa” significa, según el vocabulario órfico, el presentimiento de la felicidad eterna, el presentimiento del destino divino del alma. Ese presentimiento es el que se va destilando gota a gota en el sueño de la inconsciencia; a la hora de tomar conciencia del mismo, ya es uno presa de la gracia, y sólo queda dar su consentimiento».

La tristeza misteriosa que envuelve Retorno a Brideshead, resultado de la frustración del anhelo profundo que arde en el corazón humano, es «la pena que es memoria dolorosa» de la que habla Esquilo, que «se va destilando gota a gota en el sueño de la inconsciencia». La «actitud frustrada [de Julia Flyte] que parecía decir: “Seguramente he sido hecha para algo más”» es «el presentimiento del destino divino del alma» al que se refiere Simone Weil. Y la gracia divina, cuya influencia en un grupo de personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados, dice Evelyn Waugh que es el tema principal de Retorno a Brideshead, es la gracia que destila dicha tristeza junto al corazón. Porque «“Al conocimiento por el sufrimiento” / es la soberana ley que él ha dictado», tal y como sabe Cordelia, que sostiene sin rodeos que no hay santidad sin sufrimiento.


miércoles, 28 de mayo de 2025

Un puñado de polvo


La catástrofe que está a punto de llevarse por delante a la familia formada por Tony, Brenda y el pequeño John Andrew Last empieza a dejarse sentir en seguida en la parte más frágil de la misma: en el hijo. Las preguntas del niño tienen un carácter premonitorio: “¿Adónde ha ido mami?”, “¿Vuelve mami hoy?” John Andrew no tarda en llorar, reclinado contra la ventanilla en el interior del coche en el que ha ido a recibir a su padre. Tony Last también acaba llorando, tras doscientas cincuenta páginas desoladoras, y a miles de kilómetros de distancia, perdido, como Dante, en una selva oscura.

Es precisamente en torno al niño donde se materializa la naturaleza demoníaca de la amenaza que se cierne sobre la familia: primero, en la figura de la diabólica condesa lady Cockpurse, que, como el diablo, tiene cola, es “peluda y mala”, y baja cabeza abajo de un árbol; y, después, en la de la corruptora princesa Abdul Akbar, que huele intensamente a almizcle, que tiene “una lengua aguda y roja”, y que, “con arreglo al plan [diabólico] de Polly Cokpurse”, llega a Hetton con el oscuro propósito de seducir al padre, y termina seduciendo al hijo, al que besa en la boca. También aquí las brujas del páramo pronuncian el viejo conjuro macbethiano: “Lo bello es feo, y lo feo es bello” (Fair is foul, and foul is fair).

Y es finalmente en el niño donde se cumple como una oscura fatalidad la antigua regla del teatro griego clásico que Pasolini explicó de forma lúcida: “Uno de los temas más misteriosos del teatro griego clásico es que los hijos estén predestinados a pagar las culpas de los padres. No importa que los hijos sean buenos, inocentes y piadosos: si sus padres han pecado deben ser castigados”.


jueves, 15 de junio de 2023

Brideshead & Lear


Las obras de arte poseen la virtud de hacer de caja de resonancia de otras obras de arte, de forma que en todas ellas resuenan ecos de obras anteriores, produciéndose así un efecto de amplificación. Por ejemplo, en el poema “Al ruiseñor”, de Borges, se oye el eco de la “Oda a un ruiseñor”, de Keats. Y esta resonancia nos permite entender que el ruiseñor de Borges es también el ruiseñor de Keats, de igual forma que “el ruiseñor de Keats es también el ruiseñor de Ruth”, y que, por lo tanto, el ruiseñor de Borges es también el ruiseñor de Ruth. La poesía se convierte así en “un rumor de remotos ruiseñores”.

En Retorno a Brideshead resuenan ecos de El rey Lear, de forma que la novela de Evelyn Waugh cobra un sentido más hondo a la luz de la tragedia de Shakespeare. Cuando estalla la tormenta en alta mar, Julia y Charles hacen referencia a la escena de El rey Lear en que Lear, Kent y el bufón se hallan a la intemperie bajo la tempestad en la segunda escena del tercer acto. “―Como el rey Lear. ―Sólo que cada uno de nosotros es los tres a la vez”. Por otro lado, el nombre de Cordelia no sólo remite al de la protagonista de El rey Lear, sino que también es la clave que permite entender que la hija menor del rey Lear es la figura especular de la hija menor de la familia Flyte. El carácter de ambos personajes estriba en su pureza.

En el espléndido artículo “El secreto de Retorno a Brideshead” (Revista Centinela), Enrique García-Máiquez sostiene que el tema “axial” de la novela de Evelyn Waugh es la aceptación de la pobreza como ascesis que lleva a Dios. Gracias a Sebastian, Charles Ryder descubre un mundo aristocrático donde la riqueza no cumple una función ostentatoria, como diría Thorstein Veblen, sino que está puesta al servicio de la belleza. La novela cuenta la historia de unos personajes pertenecientes a dicho mundo que son despojados progresivamente de lo más preciado, y que se ven forzados a aprender de forma tortuosa a aceptar dicho despojamiento como camino para alcanzar un bien superior. En el curso de dicho aprendizaje el apego es un obstáculo no menor.

En una charla con Charles, Lady Marchmain dice que es difícil pero no imposible que un rico entre en el reino de los cielos, al igual que es “insólito” pero no imposible que un camello entre por el ojo de una aguja, porque “para Dios todo es posible”. El episodio evangélico del joven rico al que se hace referencia muestra que el apego a la riqueza es un obstáculo en el camino que lleva a Dios. Para Cordelia no existe dicho obstáculo porque carece de dicho apego (al igual que le ocurre a la Cordelia de El rey Lear). Para el resto de los (no tan) jóvenes ricos de Retorno a Brideshead, se cumplen las palabras de Kent: “Nothing almost sees miracles but misery”, porque el camino que lleva a descubrir el misterio de las cosas pasa por el desprendimiento.


lunes, 25 de julio de 2022

En cierta ocasión

En cierta ocasión, le preguntaron a un carpintero qué figura pretendía tallar a partir del bloque de madera con el que trabajaba en su taller, a lo que el carpintero respondió: “Si sale con barba, San Antón; si no, la Purísima Concepción”. Es decir, que realizaba su tarea sin propósito claro, e indiferente ante el resultado de la misma.

Los profesores no podemos sentir a nadie más ajeno a nosotros que dicho carpintero, ya que la pregunta por el propósito último de nuestro trabajo tiene una importancia vital. De ahí que nuestros ojos os miren ahora no sólo con cariño, sino también con conciencia de responsabilidad.

Así pues, cabe preguntarse, ¿qué propósito perseguíamos? Nuestra misión consistía en suscitar en vosotros el amor al bien, a la verdad y a la belleza, de tal forma que dicho amor se convirtiese en voluntad, en hábito y, a la postre, en carácter. Tal y como escribió Aristóteles, “con respecto a la virtud no basta con conocerla (eidénai), sino que hemos de procurar tenerla y practicarla (éjein kai jrészai), o intentar llegar a ser buenos (agathoi gonómeza)”.

Vosotros habéis sido educados para ser buenos, porque sólo el amor al bien colma la vida de los hombres. ¡Cuánta razón tenía Beatriz cuando, a las puertas del Paraíso, le dijo a Dante que no hay aspiración más digna que el amor al bien! Amar lo bene / di là dal qual non è a che s’aspiri.

Hemos dedicado muchas horas de clase al estudio de los saberes que la humanidad nos ha dejado en herencia. No escondáis bajo tierra lo que habéis recibido, sino, por el contrario, haced que dé fruto.

A lo largo de estos años os hemos planteado dos preguntas cuya importancia trasciende las disciplinas académicas, y en las que nos jugamos la vida misma. En primer lugar, ¿qué tipo de persona quieres ser? Y, en segundo lugar, ¿qué espera la vida de ti?

La conciencia de que somos libres para forjar nuestra propia ventura (tal y como nos enseñó don Quijote), y de que la libertad es la libertad de elegir moralmente, nos permite tomar las riendas de nuestra vida, no eludir la responsabilidad individual invocando como excusa las circunstancias, y no cultivar el resentimiento de quienes caen en el victimismo. Somos dueños de nuestro destino, fundamentalmente porque somos libres para elegir qué actitud adoptar ante lo que quiera que nos ocurra.

La pregunta por aquello que la vida espera de ti parte de una premisa crucial que no debéis olvidar nunca: que la vida espera algo de ti. Descubrir en qué consiste ese algo es ahora vuestra tarea. Permitidme que os lea las palabras de un escritor inglés llamado Evelyn Waugh: “Dios quiere una cosa distinta de cada uno de nosotros, trabajosa o llevadera, visible o íntima, pero algo que sólo nosotros podemos hacer y para lo cual cada uno de nosotros fue creado”.

Ojalá el colegio haya sido para vosotros una lugar en el que forjar el carácter, y en el que crecer en sabiduría y en virtud. Ojalá hayamos sabido poner de nuestra parte para que aprendieseis a ser humildes, porque la humildad nos permite descubrir con agradecimiento la maravilla que nos ha sido dada gratis con la vida (y al lado de la cual todos los bienes materiales son poca cosa). Ojalá hayamos contribuido en algo a que entendieseis que las cosas realmente importantes se logran con esfuerzo, que el trabajo es el único camino que os permitirá descubrir vuestra vocación, y que incluso el amor verdadero es un acto de sacrificio de uno mismo por los demás.

A estas alturas quizá sepáis lo que el poeta Aquilino Duque expresó de forma muy atinada: “No es posible que todo salga bien. / […] Uno acierta una vez de cada cien, / y no por ser más rápido o más lento / se sale antes o se llega pronto”; todos tenemos, cómo no, nuestras horas bajas; “Es preciso llorar de cuando en cuando; / es preciso regar el corazón / para que no se seque, como un árbol”. Pero hay cosas de una importancia trascendental que no deben faltar nunca en la vida (y que nosotros, vuestros profesores, querríamos haber sabido transmitiros): “¿La fe? Sí, por supuesto. / Y la esperanza. Y el amor”.

No perdáis la fe en Dios. Habéis de saber que Él no perderá jamás la fe en vosotros. Dios está dispuesto a ir hasta el fin del mundo para encontrarnos, y a veces deja que nos alejemos hasta el fin del mundo antes de hacernos volver. Comoquiera que sea, no olvidéis que, pase lo que pase, no estáis solos, que Dios os quiere, y que incluso en la noche más oscura siempre podréis elevar los ojos a Dios, y rezar.

Hoy le pedimos a Dios por vosotros.

Perdonadnos si en algo nos hemos equivocado.

Muchas gracias por compartir con nosotros estos años tan bonitos de vuestras vidas.

Os queremos.

sábado, 18 de diciembre de 2021

Retorno a Brideshead


En la traducción al español de Retorno a Brideshead faltan dos frases del original. Tras su regreso a casa desde España, donde ha trabajado como enfermera durante la Guerra Civil, Cordelia evoca la figura de Sebastian en el curso de una conversación que mantiene con Charles mientras ambos pasean por el campo. Cordelia imagina cómo serán los últimos días de vida de Sebastian, y Charles se pregunta si sufrirá. A lo que Cordelia responde: “Oh, yes, I think he does. One can have no idea what the suffering may be, to be maimed as he is ―no dignity, no power of will”. Hasta aquí la traducción de Caroline Phipps es fiel al original: “Oh, sí, creo que sí sufre. Es imposible saber en qué puede consistir el sufrimiento cuando se está mutilado como él: sin dignidad, sin fuerza de voluntad”. Pero en este punto la traducción al español no incluye las dos frases siguientes: “No one is ever holy without suffering. It’s taken that form with him”. No son precisamente dos frases de poca importancia. Cordelia había aludido poco antes a la santidad de Sebastian, lo que había provocado la extrañeza de Charles. Retorno a Brideshead es el testimonio de una experiencia de conversión al catolicismo a lo largo de un camino no carente de sufrimiento, en el que ciertas verdades de fe se van desvelando progresivamente. Que el sufrimiento forme parte de ese camino que lleva a Dios (un camino que “pasa por la cruz”), y que Cordelia sostenga sin rodeos que no hay santidad sin sufrimiento, no sólo choca en ese momento con la falta de comprensión de Charles, sino también con la de los lectores del mundo moderno (ese mundo que tan bien simboliza el personaje de Hooper). Esa misma noche, Charles se despertará en mitad de la oscuridad, y recordará las palabras que poco antes había pronunciado ante Cordelia: “Estabas segura de que yo no lo entendería”. A continuación, el narrador ofrece la clave de su falta de comprensión, y, quizá, de la nuestra: el miedo a mirar de frente, y el carácter precario del refugio provisional en el que creemos estar a resguardo.